TEC Noreste

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El TEC Noreste es el corredor que asegura que la humedad del Atlántico pase por la Amazonía y llegue hasta los Andes, por lo que es de vital importancia para todo el sistema hídrico de la región y del mundo. Este se ubica al noreste de Brasil y cubre la parte fronteriza con Guyana, Surinam y la Guyana Francesa. Es un paisaje que se caracteriza por su gran diversidad, tanto cultural como social y ecológica. Esta región, además de ser conocida mundialmente por su altísima biodiversidad –atestiguada en varios estudios científicos–, alberga también una importante sociodiversidad, en gran parte desconocida. En lo cultural, hay una gran diversidad de pueblos indígenas, pertenecientes principalmente a tres familias lingüísticas, Aruaque, Tupi y Karib, varios de ellos transfronterizos, así como quilombolas y otras comunidades locales. En esta región existen varios registros de la existencia de pueblos indígenas en aislamiento voluntario. El hecho de que este TEC abarque cuatro países resulta en una gran diversidad de contextos, cada uno con sus propias particularidades, marcos legales y actores. Si bien se comparten características, como son la presencia de minería ilegal, la explotación maderera y proyectos de infraestructura ligados a los intereses económicos de los Estados, sobresale la diversidad. Del lado brasileño, el área se caracteriza por un altísimo nivel de protección, con un continuo de áreas protegidas y territorios indígenas reconocidos. Brasil cuenta con políticas públicas específicas para los pueblos indígenas, reconociendo derechos culturales diferenciados. Más allá de Brasil, Guyana es el otro país del escudo guyanés que reconoce los derechos colectivos de los pueblos originarios, mientras que Surinam está en la lucha por el reconocimiento de estos derechos, sin haberlo conseguido hasta la fecha. Guyana Francesa, si bien tiene un alto nivel de protección al contar con el Parque Amazónico de Guyana, que cubre casi la totalidad del área, es un territorio de ultramar francés, por lo que sus habitantes tampoco cuentan con el reconocimiento de derechos colectivos para pueblos indígenas o comunidades afrodescendientes. Esta diversidad de contextos sobresale, sobre todo, al tomar en cuenta que un solo grupo étnico puede encontrarse en hasta tres países distintos. A pesar de tal riqueza social y ambiental, la región enfrenta un dilema constante entre la conservación del medio ambiente y la explotación económica depredadora de los recursos naturales.

Ecosistémico

Este territorio está conformado por el noreste de Brasil y el sur del escudo guayanés, conformando el TEC de mayor extensión. Esta ubicación hace de este un paisaje sumamente importante a nivel regional y mundial, dado que asegura la conexión entre el Atlántico hasta los Andes, generando humedad desde el mar hasta los páramos, es decir, que es el lugar de nacimiento de los ríos voladores que alimentan el sistema hídrico de todo el subcontinente. Es un paisaje que cuenta con alto endemismo y buen estado de conservación. Del lado brasileño, que es donde se encuentran las organizaciones miembro de la ANA, el TEC cuenta con un alto nivel de protección, con más del 95% bajo alguna figura, ya sea territorio indígena, territorio quilombola, unidad de conservación o mosaico de áreas protegidas. Si bien el TEC se encuentra rodeado de otras áreas que también se encuentran protegidas, estas tienen mayores tasas de deforestación, contrastando con el buen estado al interior del TEC con únicamente alrededor del 0,25% del área degradada y con contaminación de agua por mercurio.

Social: mapeo de actores

El paisaje social de este TEC está conformado por una multiplicidad de actores, desde pueblos originarios, quilombolas, comunidades locales, pequeños agricultores, actores gubernamentales a distintas escalas, actores privados y organizaciones de la sociedad civil. Esta diversidad se ve reflejada en la organización del paisaje bajo una serie de figuras de protección, gestionadas por uno o más de los actores previamente mencionados, entre ellas los de mayor extensión son los Territorios Indígenas, unidades de conservación y parques nacionales. Cada uno de ellos cuenta con sus propias herramientas que regulan su manejo y el relacionamiento con otras entidades. En el caso de los territorios indígenas, son los PGTA (planes de gestión territorial y ambiental) acompañados por los Protocolos de Consulta y Reglamentos Internos que contienen las prioridades de los pueblos, sus formas de gestión y actividades permitidas. Con el fin de facilitar la coordinación entre figuras de protección, se creó la figura de mosaicos, contando actualmente con el reconocimiento del Mosaico Amazonía Oriental (de 12,3 millones de hectáreas), ubicado en el estado de Amapá y norte del Pará, y el Mosaico del Pará, en proceso de creación. Su gestión involucra a pueblos indígenas, comunidades quilombolas, comunidades locales, actores gubernamentales (federales, estatales y municipales), universidades y centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil. En lo que se refiere al relacionamiento con el escudo guayanés, son principalmente los pueblos directamente y sus organizaciones, así como organizaciones aliadas de la sociedad civil, que facilitan el relacionamiento. Sin embargo, las diferencias en los contextos nacionales (como la falta de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas por parte de los gobiernos de Surinam y Francia), complejizan el relacionamiento. Cabe señalar que una de las prioridades de los pueblos indígenas transfronterizos es precisamente la lucha por el reconocimiento de sus derechos colectivos.

Cultural

A nivel cultural, este TEC se caracteriza por la presencia de una gran diversidad de pueblos indígenas, que tienen una historia común de relaciones comerciales, políticas, matrimoniales y rituales que se remontan a siglos atrás. Estas relaciones no han dejado de existir hasta el día de hoy, ni se han restringido a los límites de las fronteras nacionales que se establecieron con la colonización. Estos pueblos hablan lenguas pertenecientes a las familias lingüísticas arawak, karib y tupí, así como lenguas criollas. Varios pueblos son transfronterizos, como los Palikur, Wajãpi, Wayana, Tiriyos/Trios, WaiWai y Galibi. Además, existen varios registros de pueblos indígenas en aislamiento voluntario. También habitan en este paisaje quilombolas y comunidades locales ribereñas y de pequeños agricultores.


Entre las prioridades de los habitantes originarios de este TEC están: el buen vivir, mejoras en el sistema educativo, en la atención sanitaria y salud, la generación de ingresos a través de las economías de la sociobiodiversidad, apoyo a la gestión de los recursos naturales y la protección territorial. Cabe recalcar que del otro lado de la frontera brasileña, la lucha por el reconocimiento y ejercicio efectivo de los derechos a la autodeterminación y derechos colectivos son la prioridad. Es importante reconocer que, en los últimos años, estos pueblos se han organizado y formado organizaciones representativas para defender sus derechos e intereses ante los Estados nacionales en los que se encuentran.

Amenazas

La principal amenaza a este TEC es, históricamente, la minería ilegal, acompañada de manera más reciente por la exploración de petróleo. Asimismo, las obras de infraestructura como las hidroeléctricas y proyectos de vías transfronterizas, vinculadas a la cuestión petrolera y proyectos de desarrollo, también son grandes peligros. La deforestación y los incendios también encabezan la lista de amenazas. Si bien actualmente la inseguridad dentro del TEC ha disminuido, la violencia y actividades ilícitas sí fueron un problema durante el Gobierno anterior. Del lado del Escudo Guayanés, el único país con reconocimiento de derechos colectivos es Guyana. Surinam se encuentra en proceso de reconocimiento desde hace décadas, sin embargo, no se ha llegado al reconocimiento oficial. Actualmente, si bien las poblaciones que habitan el área del TEC se encuentran protegidas dada la dificultad para acceder a sus comunidades, esta situación está cambiando con un creciente número de concesiones, principalmente madereras y agroindustriales proyectadas, por lo que el reconocimiento de sus territorios se hace cada vez más urgente. Asimismo, la minería ya está afectando a las comunidades por la contaminación a través de los ríos, principalmente en la frontera Surinam y Guyana Francesa. De ese lado, si bien la mayor parte del país es un parque, hay una alta presencia de minería ilegal y el tráfico de especies. En Guyana, si bien las comunidades sí tienen derechos colectivos, estos, a diferencia de los territorios indígenas brasileños, son relativamente pequeños y no hay necesariamente conexión entre ellos. En este caso, las infraestructuras y vías proyectadas desde Brasil encabezan la lista de amenazas.