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Este TEC cubre un paisaje que comprende los interflluvios entre las cuencas de los ríos Caquetá -Japurá y Río Negro-Vaupés, en la zona fronteriza entre Brasil y Colombia, desde las cabeceras de los afluentes de esas cuencas, hasta la desembocadura del Vaupés en el Negro. Se localiza en una zona en donde la conectividad ecosistémica se encuentra en excelente estado, con 98% de cobertura boscosa, de la cual 95% es bosque intacto. Actualmente, 90% del TEC se encuentra bajo alguna figura de protección, más del 80% son Territorios Indígenas, y alrededor del 11% restante áreas naturales protegidas. El alto nivel de salud ecosistémica y protección del TEC se encuentra reforzado por el hecho de encontrarse rodeado de otras áreas protegidas, como son los Parques Nacionales Naturales de Serranía de Chiribiquete, Cahuinarí y Río Puré, así como por estar inmerso en un mosaico de resguardos indígenas y Entidades Territoriales Indígenas. No obstante, el monitoreo comunitario llevado a cabo por los pueblos indígenas y organizaciones aliadas muestra cambios en los calendarios agroecológicos/rituales, debido principalmente al cambio climático.
Este TEC se caracteriza por el manejo ancestral del territorio por parte de los pueblos indígenas, quienes, a pesar de encontrarse divididos por fronteras nacionales y subnacionales, gestionan el territorio de manera conjunta. Esta gestión, además de realizarse de manera espiritual, cuenta con un repertorio de herramientas como son los planes de vida, PGTA, planes de ordenamiento y manejo, régimen especial de manejo, plan especial de salvaguarda, protocolos de consulta, plan de manejo integral y planes estatales, que marcan el relacionamiento entre actores. Dichos actores son, en primer lugar, los pueblos indígenas con sus gobiernos, organizaciones e instancias de coordinación tanto a nivel local, subnacional, nacional y regional, así como Parques Nacionales Naturales, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Ministerio del Interior y la Procuraduría, del lado colombiano, y del brasileño la FUNAI, Ministerio Público y Ministerio de Pueblos Indígenas. A esto se suman las organizaciones de la sociedad civil, quienes colaboran estrechamente a ambos lados de la frontera. A pesar de que esta diversidad de actores y herramientas pueden hacer más compleja la gestión del paisaje, existen prioridades y agendas comunes que guían las acciones a llevar a cabo.
La dimensión cultural de la conectividad es preponderante en este TEC, en donde los más de 30 pueblos indígenas que lo habitan manejan el territorio de manera integral, con complementariedad ritual. Este manejo redunda en una conectividad ecológica y social, orientadas y fortalecidas a partir de lo cultural. Estos pueblos indígenas, hablantes de lenguas pertenecientes a las familias Tukano Oriental, Arawak y NaduhupyPuinave, a pesar de su gran diversidad tienen prioridades en común, plasmadas en sus respectivos planes de vida o PGTA. Estas prioridades son: el fortalecimiento de la autonomía y autodeterminación, la transmisión intergeneracional del conocimiento tradicional, el ordenamiento y manejo del territorio, la economía del territorio, el bienestar comunitario, la salud y educación, y el gobierno y administración.
A pesar de que este TEC cuenta con un alto nivel de protección y la conectividad en el área se encuentra en buen estado, tanto en su dimensión cultural como social y ecológica, existen amenazas de diversas escalas y naturaleza. En primer lugar, el cambio climático y sus repercusiones en el manejo tradicional del territorio y la vida cotidiana de sus habitantes. A este se suman las dinámicas relacionadas con la minería ilegal, rutas de narcotráfico y presencia de grupos armados. Estas dinámicas ilegales, sumadas a la preponderancia de la educación occidental y, en algunos casos, la necesidad de fortalecer acuerdos de manejo, resultan en el debilitamiento de la transmisión de conocimientos, poniendo en riesgo el manejo del territorio.